
ALEKSEY HOFFMAN
WHY IS IT THAT THE BEAUTIFUL THINGS ARE ENTWINED MORE DEEPLY WITH DEATH THAN WITH LIFE?
"Hay que tener cuidado con aquello que se desea."
Hace siglos, la guerra asolaba una pequeña población ubicada cerca de lo que ahora es Lituania. Estaban siendo atacados, sus gentes sufrían continuas incursiones y numerosos actos de vandalismo y pillaje. Aldeanos eran crucificados y expuestos cerca de los límites de las tierras únicamente a modo de advertencia. El líder, Arvydas Drâgoniv, trataba de resistir a las tropas de mongoles con ayuda del resto de tribus. Sin embargo, ambos bandos estaban muy desigualados, y el que comandaba su antepasado estaba destinado a la derrota.
No obstante, todo cambió debido a una inesperada llegada. Una mujer había llegado a la región y se había hecho un hueco en la zona gracias a sus dotes como curandera. Parecía conocer bien las plantas, contaba con todo tipo de frascos cuyo contenido era capaz de apalear cualquier mal, incluso aquellos que no eran físicos. En un acto desesperado, Arvydas acudió a ella gracias al consejo de su hermano pequeño. La mujer, al ver la situación que atravesaba, le habló de una posible manera de asegurar la victoria para su pueblo. Todas aquellas muertes cesarían, la prosperidad volvería al clan, la risa de los niños volvería a escucharse en las tierras... Todo eso a cambio de un pequeño sacrificio. La fuerza de cincuenta hombres, la velocidad de un lobo, todo ese poder podía estar a su alcance. Nada se interponía entre él y la victoria, a excepción de aquella mujer. La engañó con ayuda de su hermano para obtener aquel embrujo, sin saber que su codicia lo condenaría de por vida. Cuando la mujer realizó el conjuro, Arvydas ordenó que la quemaran, acusándola injustamente, librándose así de ella. Sin embargo, valiéndose de sus últimas fuerzas, la mujer lo condenó, usó su último aliento para maldecirle.
A la mañana siguiente, un pequeño ejército consiguió acabar con casi más de un centenar de enemigos. El propio Arvydas masacró a la mayoría de ellos valiéndose únicamente de su espada. Sin embargo, el banquete que le sucedió a tan aclamada victoria le pareció vacío. Tras la sed de victoria, un nuevo y oscuro anhelo invadió su ser. Ahora, la sed de sangre le cegaba por completo. Fue durante la noche cuando ocurrió la tragedia. Después de haber yacido junto a su esposa, una imperiosa y casi asfixiante necesidad le empujó a adentrarse en el bosque. Sus sentidos se agudizaron, su cuerpo cambió de forma. Era una bestia, un monstruo, un depredador en busca de una nueva presa.
Y entre los árboles halló dicha presa. Un hombre agazapado entre las sombras el cual no supo reconocerlo cuando se abalanzó sobre él. La bestia lo abrió en canal y le arrancó el corazón, justo antes de devorarlo. Fue durante aquel primer bocado donde el hechizo quedó sellado. La sangre ahora cubría sus manos; y lo que no sabía era que aquella sangre era parte de su familia. A la mañana siguiente, encontraron el cadáver de aquel hombre casi devorado: el cuerpo sin vida de su hermano. Había asesinado a su propio hermano pequeño. El miedo, la desesperación y la culpa le obligaron a marcharse de allí, dejando a su esposa sola. No obstante, la maldición no se había llevado a cabo aún puesto que su esposa esperaba un hijo.
El espíritu del wendigo había despertado en él ante el primer bocado de carne humana, y lo haría también dentro de su hijo, del hijo de su hijo y así hasta la actualidad.
Personalidad:
Su personalidad es en realidad una amalgama compuesta de dos facetas que habitualmente él manifiesta de manera alternada, según la situación: Por un lado (el que más frecuentemente muestra en público) es un hombre culto, refinado, de modales exquisitos y buen comportamiento, además de amante del arte, la música clásica y la buena cocina. El alter-ego de ese aspecto suyo (que se permite manifestar en instancias más privadas) es un comportamiento cínico, manipulador y con cierta tendencia a castigar con una severidad variable lo que él estima como «malos modos».
La intuición que pone en práctica casi toda vez que «interactúa» con alguien, y que por regla general complementa con lo que le indican sus sentidos, le resulta un instrumento útil porque el grado de acierto en sus conclusiones tiende a desconcertar a quienes hablan con él. Cada vez que habla con alguien, desde antes de que le dirija la siguiente frase, él ya parece tener una idea clara de lo que su interlocutor está pensando o del más auténtico y profundo deseo que invade su corazón en ese momento.
Aspecto:
Cuando se muestra en su forma de wendigo, su aspecto cambia por completo tornándose a uno francamente monstruoso. Sus extremidades se alargan y su torso se encorva, sosteniéndose así tanto con las manos como con los pies, recordando vagamente a algunos licántropos de la ficción. No obstante, de su cabeza parecen asomar una especie de bifurcaciones, unos cuernos compuestos por sus propios huesos. Sus ojos se tornan blancos, como cuencas vacías. Su cuerpo, por el contrario, se cubre de pelo y adopta un tono oscuro, como el de la ceniza.
— Es un gran amante del arte, la música clásica y la lectura; disfruta de cualquier novela histórica que se le presente.
— Nunca ha tenido animales, a pesar de que siente cierta afinidad con los gatos.
— Tiene una cabaña cerca del pueblo donde nació, a la cual acude con cierta regularidad. Es allí donde mantiene su "taller"; una amalgama de cámaras de tortura que habitualmente usa para castigar a aquellos a quién considera oportuno. Dicha cabaña está custodiada por un viejo y leal amigo.
— En la psiquiatría vio una nueva vía de escape. Le apasiona su trabajo; conocer e indagar en la mente de las personas, romperlas y moldearlas a su antojo.
— Si hay algo que no tolera es la falta de modales en un individuo.
— Durante varias generaciones, la maldición pareció haberse olvidado. Fue por eso que, cuando el pequeño Aleksey mostró indicios de ella, se le aisló por completo, tratando así de controlarle. Sin embargo, el wendigo que llevaba tiempo adormecido en su interior no tardó en despertar tras la primera ingesta de carne humana.
— El incendio que acabó con la vida de su familia lo provocó él mismo.
Aleksey nació en Aarhus, Dinamarca. Vivió con sus padres y su hermana pequeña hasta los catorce años de edad, casi de forma aislada. Apenas se tienen registros de la familia durante esa época, ya que vivían de manera apartada en las afueras de la ciudad, en una amplia mansión que fue mandada construir varios siglos atrás por sus antepasados. Eran como fantasmas, rara vez abandonaban los altos muros de la vivienda familiar. La gente de la zona creía que eso se debía al temor generado debido a la ola de crímenes que desde hacía unas semanas parecía haber condenado a la población; pero nada más lejos de la realidad. El propio autor de aquellos asesinatos era el mismísimo Aleksey. La historia volvía a repetirse, tal y como había ocurrido con su antepasado.
Sus perfectos modales y aparente simpatía no era más que una fachada, algo que hacía que la gente que le rodeaba se confiase y relajara en su presencia. Sin embargo, había algo en la forma que tenía de mirar a los ojos lo que hacía que un sudor frío recorriera la nuca de aquellos con los que se topaba.
Los Drâgoniv fueron noticia por primera vez desde su llegada debido al devastador incendio que sucedió en la hacienda. Un accidente había provocado que todos los miembros de la familia perecieran en las llamas, a excepción del primogénito. A partir de aquí, la historia que envuelve al chico es un misterio.
Pasó largos años en numerosos internados, todos ellos dirigidos por monjas. Y, siempre, la desgracia parecía acompañar al pobre hijo de los Drâgoniv. La muerte parecía seguirle a cada paso. Cuando la situación se volvió insostenible, y tanto las dudas como las sospechas recayeron sobre él, se marchó. Abandonó su Dinamarca natal y se trasladó a América, adoptando un apellido diferente. Se buscó un nuevo trabajo como psiquiatra y fue en suelo americano donde dejó salir nuevamente a la bestia.